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Nos mudamos a un lugar mejor

Los de dixit hemos cambiado el apartamento por el chalet. O lo que es lo mismo, que hemos abierto página web, y todos los nuevos contenidos ya serán publicados allí. Puedes visitarnos en www.dixitciencia.com

La grasa que adelgaza es marrón (y le gusta el frío)

  (NOS HEMOS MUDADO A www.dixitciencia.com)

Artículo de Jesús Méndez publicado en el diari ARA (en catalán)

La grasa que adelgaza es marrón (y le gusta el frío)

 

Si todo tiene su contrario, la grasa no iba a ser menos. Sólo que, en este caso, su contrario parece llevar su mismo nombre.

El exceso de grasa es uno de los enemigos de la modernidad. Es quien determina la actual epidemia de obesidad y un factor clave en el desarrollo de diabetes y enfermedades cardiovasculares. En general, las células de la grasa considerada normal – de un color blanquecino – funcionan como un depósito al que se acude cuando más energía se necesita, como durante un ejercicio continuado. Las de la grasa parda (o marrón) son, sin embargo, un tipo muy peculiar. No producen energía para que el cuerpo la use, sino calor. Y para hacerlo consumen grandes cantidades de grasas. O lo que es lo mismo, que adelgazan.

Puedes seguir leyendo el resto del artículo en la página del diari ARA (previo registro – en catalán -)


El greix que ens aprima és marró (i li agrada el fred)

El greix que ens aprima és marró (i li agrada el fred)


Si cada cosa té un contrari, el greix tampoc n’és una excepció. Tot i que, en aquest cas, el contrari sembla que duu el mateix nom.

L’excés de greix és un dels enemics de la modernitat. És qui determina l’actual epidèmia d’obesitat i un factor clau en el desenvolupament de la diabetis i de les malalties cardiovasculars. En general, les cèl·lules del greix considerat normal –d’un color blanquinós– funcionen com un dipòsit al qual es recorre quan més energia es necessita, com durant un exercici continuat. Les cèl·lules de l’altre tipus de greix, el bru (o marró) són, però, molt peculiars. No produeixen energia perquè el cos la faci servir, sinó que produeixen calor. I, per fer-ho, consumeixen grans quantitats de greixos. És a dir, que aprimen.

Pots continuar llegint l’article a la pàgina del diari ARA (previ registre)

Ritmos biológicos (1): relojes por todas partes (con cronoterapias, jet-lag, búhos y alondras)

(NOS HEMOS MUDADO A www.dixitciencia.com)

Por Jesús Méndez

Este artículo fue publicado en papel en Tercer Milenio, suplemento de El Heraldo de Aragón.

Por otro lado, este artículo es complementario y divergente a: Ritmos biológicos (2): los relojes, la epigenética y…¿el vino?, también publicado en el blog De cero a ciencia y en 20000caligrafias.

          Tú te escondes detrás de un violoncello a desnudar y vestir el tiempo como si fuese una muñeca antigua. 

La música que gotea debajo de un paraguas. 

Fernando Menéndez. ‘Historias Somalíes’.

Estás en un concierto. El batería marca imperturbable el compás y tú sigues el ritmo dando golpes al suelo con el pie. Lo haces inconscientemente, aunque en algún momento te percatas de lo que haces y te sorprendes ligeramente. Lo que no piensas en ese momento es que dentro de ti millones de relojes están marcando otro compás, que en general dura unas veinticuatro horas y que altera los compases periódicamente para que sepas cuándo debes dormir, la temperatura que debes marcar, cuándo tienes que comer.

Los ritmos

La naturaleza, nosotros incluidos, genera ritmos por doquier. En nuestro caso, un conjunto de ellos son los que reciben el nombre de ritmos circadianos (del latín: alrededor del día), que oscilan con una periodicidad de unas 24 horas (pero que no son nuestros en exclusiva: los presentan el resto de animales, las plantas e incluso las algas y las bacterias). Esos ritmos son los que hacen que, cuando la noche se acerca, comiencen a aumentar los niveles demelatonina, una hormona que nos relaja y disminuye las funciones vitales, que nos prepara para el sueño (es, de hecho, esa hormona que ya se comercializa para minimizar el jet-lag, aunque su eficacia real todavía no haya sido precisada. Y es, además, una hormona liberada por la glándula pineal, una pequeña estructura alojada en el mismo centro del cerebro y en la que Descartes, por criterios ante todo estéticos, situó nada menos que el lugar donde se alojaba el alma humana). Son también esos ritmos los que, un par de horas antes de que despertemos producen un gran pico de cortisol, la llamada hormona del estrés, que nos prepara para el día subiendo la tensión arterial, liberando azúcar a la sangre y aumentando nuestro nivel de alerta ante el día que se avecina. Y es, también, la responsable de que nos apetezcan tostadas para desayunar y uno de los factores que contribuye a que un alto porcentaje de infartos se produzcan en las primeras horas del día…

Sucesión diaria en los picos de melatonina (sueño) y cortisol (despertar)

Los relojes

Decíamos que el periodo de estos ritmos es de unas 24 horas, pero eso no es del todo cierto. En realidad se aproxima a 25, por lo que debe ser ajustado para que no se produzcan retardos de fase (y que no nos entre el sueño una hora más tarde cada día). Para ello son necesarios los llamados zeitgebers (del alemán, sincronizadores o dadores de tiempo). El más importante es la luz, el regulador del reloj principal. El gran reloj, como podríamos llamarlo, se encuentra alojado en el hipotálamo, una estructura cerebral responsable del control de multitud de funciones corporales. El hipotálamo se encuentra conectado directamente con la retina, de forma que las señales de luz que le llegan desde ella hacen que sea capaz de adaptarse al entorno y ajustarse a las 24 horas. Pero, como decíamos, y aunque suene increíble, disponemos en realidad de millones de relojes en nuestro interior, prácticamente en cada órgano y cada célula, que se ajustan al reloj principal pero que en cierto modo pueden funcionar también de forma independiente de él. Y en este caso no reciben información de la luz, sino por ejemplo de la temperatura o de los alimentos. Así, se ha visto que los relojes que tenemos en el hígado se regulan también por el ciclo de comidas que hagamos. Lo cual se relaciona con el hecho de que trastornos del ritmo circadiano – como los que acontecen en los trabajadores por turnos – no sólo puedan causar problemas de insomnio o depresión, sino también multitud de problemas metabólicos como el desarrollo de diabetes. O incluso con que el ayuno se plantee como un método para combatir el jet-lag. Pero, ¿cómo son y en qué consisten exactamente estos pequeños relojes?

En el fondo los relojes son castillos de Lego que juegan con el ADN. La vida se basa en la genética porque contiene la información necesaria para fabricar proteínas, pero para ello el proceso tiene que estar regulado. No sólo es que algunos órganos produzcan unas proteínas y otros otras, es que dentro de cada uno de ellos habrá momentos en que una proteína se fabrique y otros en que no, y esta variación también puede ocurrir a lo largo del día, cíclicamente. Por ejemplo, uno de estos pequeños relojes es el llamado CLOCK (Circadian Locomotor Output Cycles Kaput) – los acrónimos, siempre tan ajustados -. CLOCK es una familia de proteínas que lo que hacen es dirigir y coordinar la producción de otras muchas. Para ello, y para mantener un ritmo circadiano, lo que hacen es ´trabajar y descansar´ de forma cíclica a lo largo de cada día. Y quien le dicta cuándo debe hacerlo es otra familia de proteínas llamadas PER (de Period, en inglés). Para conseguirlo lo que hacen es sintetizarse y degradarse cíclicamente a lo largo del día. Como un castillo de ladrillos de Lego que se va formando y que al poco debe ser destruido para poder seguir jugando el día después. Como un reloj de arena al que se le da la vuelta una vez cada doce horas. Algo así. De hecho, hace muy poco se ha descubierto que PER es la principal responsable de que nos levantemos por la mañana, incluso en ausencia de despertador. Cuando el castillo se destruye, es cuando nos despertamos.

Pero hay además otra cosa, y es que PER está muy relacionada con otras proteínas, llamadas ciclinas, encargadas de regular el ciclo de división de las células. Es decir, que para protegernos de un posible cáncer las ciclinas deben funcionar bien. Pero para que las ciclinas funcionen bien, es necesario que PER y CLOCK construyan cuando tengan que construir. Lo cual, a poco que tiremos del hilo, debe llevarnos al apartado que viene a continuación..

 

Cronoterapia: fármacos con reloj

Que los ritmos circadianos puedan estar relacionados con la aparición de procesos como el cáncer o que la tensión arterial siga un patrón establecido y provoque que la mayor parte de los infartos ocurran por las mañanas, entre otras tantas cosas, implica, necesariamente, que los ritmos se relacionan con la salud y con la enfermedad. Pero no sólo eso. Los ritmos parecen tener que ver incluso con los remedios contra la propia enfermedad, y pueden influir en que determinados fármacos sean más útiles según el momento en que se administren. Es lo que se conoce como cronoterapia, o la administración de un tratamiento según el momento más adecuado para su función.

Cada vez existen más evidencias de que los principales fármacos contra la hipertensión funcionan mejor de noche, porque disminuyen el pico que se produce al despertar y no pierden eficacia durante el día. En el mismo sentido, parece que las estatinas, los principales medicamentos contra el colesterol, son más útiles si se toman antes de acostarse. Y la cantidad de ejemplos ha ido aumentando con el tiempo: en el caso de las úlceras de estómago, se ha visto que el omeprazol es más recomendable tomarlo por la mañana, pero que en caso de tomar aspirina, es más aconsejable por la noche. Y si hablamos del asma, se recomienda que los corticoides se tomen poco después de despertarse. En el caso del tratamiento del cáncer, y teniendo en cuenta las características de las quimioterapias, la atención se ha centrado hasta ahora en averiguar cuál es el momento idóneo para disminuir su toxicidad, pero ya comienza a haber evidencias de cuáles son los momentos oportunos para mejorar la eficacia de diferentes compuestos. (Independientemente de los tratamientos, pero también en relación con el cáncer, una investigación reciente ha comprobado que los ritmos circadianos influyen también a la hora de determinar el momento en que se dividen las células de la piel. Lo que hacen es favorecer esta división en los momentos de mayor oscuridad, previniendo que la luz interfiera en el proceso y protegiéndonos, por tanto, de un mayor número de mutaciones y tumores). Pero en los tratamientos no todo son fármacos. En el caso de la depresión estacional, que a tanta gente afecta cuando llega el invierno y disminuye la luz ambiental, se están probando, al parecer con éxito, terapias como el adelantamiento del sueño o la exposición matinal a fuentes intensas de luz, en un intento por ´reeducar´ al reloj.

O que, según la música, así será el paraguas.

Columnas al margen 

Columna 1

Un mundo de ritmos

La naturaleza está llena de ritmos, más o menos constantes. Por un lado están los relacionados con el sol, que definen los años y las estaciones, y todo lo que queda bajo su mandato, como la floración de las plantas o las migraciones y la hibernación de ciertos animales. También están los ritmos en relación con la luna, en ciclos de unos 29 días, que influyen sobre las mareas (los llamados ritmos nictamerales) y que resultan tan parecidos en duración a los ciclos menstruales que durante siglos se implantaron numerosas leyendas sobre su influencia y disposición. Todos ellos serían ritmos infradianos, llamados así porque aunque tienen mayor duración, su frecuencia es inferior a la de un día. Pero también hay numerosos ritmos llamados ultradianos, cuya duración se define como inferior a 20 horas. Muchos de los procesos endocrinos en los que las hormonas están implicados siguen ritmos con este patrón, pero también la alimentación, la atención, las fases del sueño o la capacidad de aprendizaje están sometidos a su mandato. Dentro de ellos también se encuentran los llamados ritmos de alta frecuencia, como podrían ser los latidos cardiacos, los movimientos que se producen durante la digestión o la misma respiración. 

 

Columna 2

Búhos y alondras

En base al sueño se pueden distinguir tres tipos de personas: los búhos, las alondras y, como en muchas otras distinciones, ´los del medio´ (aunque en la realidad todo sea un continuo). Los primeros son aquéllos que tienden a acostarse tarde, y consecuentemente, levantarse bien entrada la mañana. Los segundos son los que ya antes de las 12 apenas aguantan el sueño pero, por el contrario, tienden a madrugar. El número de horas totales dormidas suele ser bastante similar, pero el patrón puede condicionar muchas funciones sociales (como las fiestas nocturnas o el rendimiento en las mañanas de trabajo). El por qué de esta variación se ha estudiado desde el punto de vista evolutivo, y una teoría sugiere que su existencia era ventajosa para las tribus antiguas, ya que garantizaba que siempre habría alguien despierto haciendo guardia frente a posibles peligros. Y lo que se ha visto recientemente es que, independientemente de la tendencia individual, todos los adolescentes tienden a ser búhos, pero que con la edad (¿y la madurez?) esta tendencia va disminuyendo, especialmente en las mujeres. De hecho, el patrón de sueño de ambos sexos se iguala al filo de la menopausia, lo que sugiere que las hormonas seguramente juegan un importante papel.

 

Columna 3

Trastornos del ritmo

Los dos trastornos del ritmo circadiano más comunes son el jet-lag y el síndrome del trabajador nocturno o por turnos, aunque existen otros muchos, en general relacionados con el sueño. El primero consiste en una desadaptación entre el reloj biológico y el entorno cuando se viaja atravesando varios husos horarios. Se caracteriza por alteraciones del sueño, cansancio, dolor de cabeza, problemas digestivos… Y es diferente según que el viaje sea hacia el este o el oeste, ya que en el primer caso los efectos son más pronunciados. En condiciones normales, el cuerpo tarda en adaptarse al nuevo entorno entre 2 y 7 días, aunque se han estudiado diferentes formas de acelerar el proceso. El uso adecuado de melatonina (o de sus análogos) parece ser de ayuda a la hora de resincronizar los patrones de sueño, aunque su eficacia todavía no se ha valorado con precisión. También la exposición en los momentos apropiados a una fuente de luz intensa puede ser eficaz. E incluso se ha descrito que, aprovechando la existencia de relojes periféricos, un ayuno de 16 horas puede servir para modificar el ciclo. En cuanto a los trabajadores nocturnos o por turnos, no sólo está la posible irregularidad de horarios, es que el sueño diurno suele ser de peor calidad. De hecho, es más probable que desarrollen alteraciones del sueño, depresión, diabetes e incluso algunos tipos de cáncer. Además, tienden a usar alcohol y tranquilizantes como inductores del sueño, lo que aumenta los problemas. En el caso de estos trabajadores, fármacos como la melatonina antes del sueño pueden ser de cierta ayuda, pero más eficaz parece el exponerse a fuentes de luz brillante en el caso de trabajar de noche. De cualquier forma, lo que más se recomienda es una correcta planificación en el caso de los turnos y mantener horarios regulares en la medida de lo posible.

Recuerda que puedes leer una versión divergente de este artículo aquí.

Ritmos biológicos (2): los relojes, la epigenética y…¿el vino?

  (NOS HEMOS MUDADO A www.dixitciencia.com)

Por Jesús Méndez

Este artículo es complementario y divergente a: Ritmos biológicos (1): relojes por todas partes (con cronoterapias, jet-lag, búhos y alondras), publicado en papel en Tercer Milenio, suplemento de El Heraldo de Aragón.

También publicado en el blog De cero a ciencia y en 20000caligrafias

          Tú te escondes detrás de un violoncello a desnudar y vestir el tiempo como si fuese una muñeca antigua. 

La música que gotea debajo de un paraguas. 

Fernando Menéndez. ‘Historias Somalíes’.

Estás en un concierto. El batería marca imperturbable el compás y tú sigues el ritmo dando golpes al suelo con el pie. Lo haces inconscientemente, aunque en algún momento te percatas de lo que haces y te sorprendes ligeramente. Lo que no piensas en ese momento es que dentro de ti millones de relojes están marcando otro compás, que en general dura unas veinticuatro horas y que altera los compases periódicamente para que sepas cuándo debes dormir, la temperatura que debes marcar, cuándo tienes que comer.

Los ritmos

La naturaleza, nosotros incluidos, genera ritmos por doquier. En nuestro caso, un conjunto de ellos son los que reciben el nombre de ritmos circadianos (del latín: alrededor del día), que oscilan con una periodicidad de unas 24 horas (pero que no son nuestros en exclusiva: los presentan el resto de animales, las plantas e incluso las algas y las bacterias). Esos ritmos son los que hacen que, cuando la noche se acerca, comiencen a aumentar los niveles demelatonina, una hormona que nos relaja y disminuye las funciones vitales, que nos prepara para el sueño (es, de hecho, esa hormona que ya se comercializa para minimizar el jet-lag, aunque su eficacia real todavía no haya sido precisada. Y es, además, una hormona liberada por la glándula pineal, una pequeña estructura alojada en el mismo centro del cerebro y en la que Descartes, por criterios ante todo estéticos, situó nada menos que el lugar donde se alojaba el alma humana). Son también esos ritmos los que, un par de horas antes de que despertemos producen un gran pico de cortisol, la llamada hormona del estrés, que nos prepara para el día subiendo la tensión arterial, liberando azúcar a la sangre y aumentando nuestro nivel de alerta ante el día que se avecina. Y es, también, la responsable de que nos apetezcan tostadas para desayunar y uno de los factores que contribuye a que un alto porcentaje de infartos se produzcan en las primeras horas del día…

Sucesión diaria en los picos de melatonina (sueño) y cortisol (despertar)

Los relojes

Decíamos que el periodo de estos ritmos es de unas 24 horas, pero eso no es del todo cierto. En realidad se aproxima a 25, por lo que debe ser ajustado para que no se produzcan retardos de fase (y que no nos entre el sueño una hora más tarde cada día). Para ello son necesarios los llamados zeitgebers (del alemán, sincronizadores o dadores de tiempo). El más importante es la luz, el regulador del reloj principal. El gran reloj, como podríamos llamarlo, se encuentra alojado en el hipotálamo, una estructura cerebral responsable del control de multitud de funciones corporales. El hipotálamo se encuentra conectado directamente con la retina, de forma que las señales de luz que le llegan desde ella hacen que sea capaz de adaptarse al entorno y ajustarse a las 24 horas. Pero, como decíamos, y aunque suene increíble, disponemos en realidad de millones de relojes en nuestro interior, prácticamente en cada órgano y cada célula, que se ajustan al reloj principal pero que en cierto modo pueden funcionar también de forma independiente de él. Y en este caso no reciben información de la luz, sino por ejemplo de la temperatura o de los alimentos. Así, se ha visto que los relojes que tenemos en el hígado se regulan también por el ciclo de comidas que hagamos. Lo cual se relaciona con el hecho de que trastornos del ritmo circadiano – como los que acontecen en los trabajadores por turnos – no sólo puedan causar problemas de insomnio o depresión, sino también multitud de problemas metabólicos como el desarrollo de diabetes. O incluso con que el ayuno se plantee como un método para combatir el jet-lag. Pero, ¿cómo son y en qué consisten exactamente estos pequeños relojes?

En el fondo los relojes son castillos de Lego que juegan con el ADN. La vida se basa en la genética porque contiene la información necesaria para fabricar proteínas, pero para ello el proceso tiene que estar regulado. No sólo es que algunos órganos produzcan unas proteínas y otros otras, es que dentro de cada uno de ellos habrá momentos en que una proteína se fabrique y otros en que no, y esta variación también puede ocurrir a lo largo del día, cíclicamente. Por ejemplo, uno de estos pequeños relojes es el llamado CLOCK (Circadian Locomotor Output Cycles Kaput) – los acrónimos, siempre tan ajustados -. CLOCK es una familia de proteínas que lo que hacen es dirigir y coordinar la producción de otras muchas. Para ello, y para mantener un ritmo circadiano, lo que hacen es ´trabajar y descansar´ de forma cíclica a lo largo de cada día. Y quien le dicta cuándo debe hacerlo es otra familia de proteínas llamadas PER (de Period, en inglés). Para conseguirlo lo que hacen es sintetizarse y degradarse cíclicamente a lo largo del día. Como un castillo de ladrillos de Lego que se va formando y que al poco debe ser destruido para poder seguir jugando el día después. Como un reloj de arena al que se le da la vuelta una vez cada doce horas. Algo así. De hecho, hace muy poco se ha descubierto que PER es la principal responsable de que nos levantemos por la mañana, incluso en ausencia de despertador. Cuando el castillo se destruye, es cuando nos despertamos. Pero entonces, y según el título, ¿qué tiene que ver esto con la epigenética?

La epigenética

Podríamos pensar que la genética es como un libro, con multitud de palabras en su interior. Si así fuera, la epigenética tendría que ver con el hecho de leer ese libro, con decidir si lo abrimos o lo dejamos en la estantería. La definición preferida de epigenética es ésta: el conjunto de cambios heredables en la expresión génica que no van acompañados de cambios en la secuencia de ADN. O lo que es lo mismo, aquellos cambios que pueden pasar a las células hijas pero que no tienen que ver con mutaciones, con cambios en las letras, sino con variaciones en la expresión de los genes, con las veces que sacamos el libro de la estantería. Estos cambios afectan, fundamentalmente, a la forma en que se empaqueta el ADN, de forma que en determinado momento, éste pueda abrirse o cerrarse, permitiendo así la expresión de sus genes (la lectura de su información) o cerrándose (impidiéndola). Son cambios que pueden tener que ver en gran medida con el ambiente, y que parecen estar detrás del hecho, por ejemplo, de que abuelos que llevaron dietas muy ricas en grasas tiendan a tener nietos diabéticos. O que tras periodos de hambruna, como sucedió en ciertas zonas tras la guerra mundial, los descendientes tiendan a ser más bajos que sus ancestros. Y eso entre otras muchísimas cosas, sobre todo confinadas a una misma persona. Variaciones epigenéticas parecen estar detrás de la consolidación de la memoria o, en otro sentido, de alteraciones que puedan llevar a un cáncer. Es decir, la epigenética está sobre el ADN, pero, a la vez, se encuentra en el mismo centro de la vida. Y así, si la vida sigue unos ritmos, sería incluso estéticamente probable (o cuando menos deseable) que la epigenética lo hiciera también. Y parece que lo hace.

Se ha visto que hasta el 15% de todos los genes siguen un ritmo circadiano. Pero es que, además, recientemente se ha visto que el propio regulador CLOCK (los acrónimos, ¿recuerdan?) es en sí un regulador epigenético. CLOCK tiene la propiedad de unirse al ADN y de acetilar histonas, es decir, añadir un grupo químico a las proteínas que se encargan de empaquetar el ADN, de guardar el libro en la estantería. Al añadir este grupo, las proteínas se relajan y permiten que el ADN pueda ser leído. Por tanto, si CLOCK sigue un ritmo circadiano (el castillo de Lego), la propia regulación epigenética que de él depende lo sigue también. Y no es el único. No crean que nos hemos olvidado del vino.

 

¿Y el vino?

Es posible que conozcan la llamada “paradoja francesa”. Durante mucho tiempo los científicos no se explicaban por qué los franceses, que suelen llevar una dieta especialmente rica en grasas, presentaban sin embargo tan pocas enfermedades cardiovasculares. La solución parece estar en que suelen comer con una copa de vino tinto, y éste contribuye a protegerles de posibles infartos, entre otros beneficios. El vino, con moderación, ofrece numerosas ventajas. Reduce el llamado colesterol malo y aumenta el bueno, contiene gran número de antioxidantes y es fuente de un compuesto llamado resveratrol, con el que vamos a tratar de cerrar el círculo anunciado en el título.

Hasta hace poco se pensaba que el resveratrol activaba a las sirtuinas, unas proteínas de lo más espectaculares. Las sirtuinas producen un montón de efectos sobre el metabolismo, todos ellos en general muy favorables. Parecen ser incluso las responsables de que la restricción calórica, o el simple hecho de comer menos, vaya, alargue la vida de numerosos animales. Pero lo curioso en este caso es que, al igual que CLOCK, las sirtuinas son además reguladores epigenéticos que actúan sobre el libro del ADN. Es decir, que el vino ya tendría bastante que ver con el círculo trazado.  Pero hay una cosa más, y es que resulta que: ¡su actividad está sometida a ritmos circadianos, y ellas mismas actúan sobre los castillos de Lego! 

Pausa.

Y es que, como ven, con esto ya estaría, ya tendríamos un círculo conteniendo los conciertos, los ritmos de la naturaleza, los nuestros propios, el metabolismo, la epigenética y el vino que también actúa sobre la epigenética y ésta sobre los propios ritmos y vuelta a empezar. Pero no. Las conclusiones no siempre respetan la estética. A pesar de que pastillas de resveratrol concentrado ya se venden en las farmacias, los estudios no han demostrado hasta la fecha que sea realmente capaz de activar las sirtuinas ni que se trate de la molécula clave que explique los efectos beneficiosos del vino. Y aún más, hace sólo unos días, la revista Nature publicaba un artículo en el que se cuestionaba toda la tesis de que las sirtuinas se activaran con la restricción calórica, o el que su propia activación alargara la vida. Y así, a pesar de tantos relojes, todos ellos tan perfectamente sincronizados, el círculo no se ha cerrado.

La ciencia, siempre tan exigente, (a veces) tan fría ante la estética.

O lo que es lo mismo:

No sólo es la música que gotea debajo de un paraguas, sino que

hay que elegir bien los números para que los relojes sean esféricos.

Jesús Méndez

Recuerda que puedes leer una versión divergente de este artículo aquí.

Inundaciones por cuatro gotas

Inundaciones por cuatro gotas

Versión original y extendida del artículo publicado el 19/11/2011 por David Saez en el diario ARA (originalmente en catalán)

Una directiva europea aprobada en el año 2000, conocida como Directiva Marco del Agua, trae en jaque desde hace años a los organismos responsables de la gestión y planificación del agua de buena parte de Europa. Esta norma sitúa en un mismo plano de importancia, por primera vez, el valor ambiental del agua y su valor como recurso esencial para las personas. La idea básica es que tal como van las cosas, la única garantía de futuro para contar con agua en cantidad y calidad suficiente para nuestras necesidades es mediante la preservación del medio natural acuático en buen estado.

Bajo el paraguas de la Directiva Marco, la UE ha aprobado en la última década varias normas complementarias que desarrollan aspectos concretos relacionados con el agua, siempre en sintonía con el espíritu de la norma madre. Una de ellas es la Directiva de inundaciones, que obliga a revisar las estrategias a seguir en relación al riesgo asociado a estos fenómenos. Se trata de evitar o minimizar los daños que producen las inundaciones y hacerlo, además, de manera respetuosa con el medio natural. En nuestra región, donde las crecidas de ríos y arroyos son frecuentes y repentinas, y donde la presión humana sobre el territorio es muy elevada, no parece un reto sencillo.

La gestión del riesgo

La ocupación humana de las zonas inundables viene de lejos. El dominio de la ingeniería ha permitido mejorar la protección ante la acción del agua, pero lejos de destinarla a disminuir el riesgo, hemos tomado esta protección como una licencia para intensificar la ocupación desmesurada de estos espacios. El resultado es que hoy por hoy no hace falta que caiga un gran aguacero para que suframos daños por una inundación. Hasta el punto de que las inundaciones son el fenómeno natural con un mayor impacto económico en Cataluña.

Para hacerle frente se presentan, lisa y llanamente, dos posibles estrategias, con todo un gradiente entre medias.

La primera es tratar de evitar las inundaciones. Esto pasa por seguir estrechando el espacio de los ríos mediante la construcción generalizada de estructuras de defensa para la protección de los usos y las actividades humanas. Convertimos los ríos en canales dimensionados para absorber las máximas caídas previstas y así evitamos problemas. Ha sido el modelo de gestión preponderante hasta ahora. Pero además de derivar en una mayor presión humana sobre las zonas inundables, y por tanto en un aumento de la vulnerabilidad, conlleva elevados costes ambientales, incompatibles con el nuevo marco normativo y con la demanda social de un entorno natural de calidad.

La segunda estrategia consiste en dejar que las inundaciones tengan lugar, centrando el esfuerzo en evitar que causen daños. Esto exige reducir la actividad humana en el espacio fluvial y en todo caso adaptarla al régimen de crecidas del río. Suena bien, pero a menudo es inviable. Pongamos por caso el Baix Llobregat. ¿Podemos eliminar los muros que encajonan el río y prescindir del cúmulo de infraestructuras y actividades logísticas – puerto y aeropuerto incluidos – implantadas en lo que de forma natural sería zona inundable? Es evidente que no.

Hay que encontrar, pues, un punto de equilibrio. La línea técnica con que se trabaja desde la Agencia Catalana del Agua propone limitar las actuaciones de protección en zonas donde las crecidas suponen la inundación de grandes áreas de territorio o donde la existencia de usos estratégicos o fuertemente consolidadas las hacen imprescindibles. Fuera de estos casos, y como norma general, debe primar la prevención, y eso quiere decir devolver gradualmente al río su espacio.

Parece una opción razonable. Queda por ver hasta qué punto la valentía política y los intereses económicos permitirán que esta propuesta, técnicamente coherente y bien fundamentada, haga el difícil salto que va de los despachos a la implantación real y efectiva en el territorio.

Columna al margen

El espacio fluvial: hasta dónde llegan los ríos

Amplitud del espacio fluvial

El concepto de río, bien definido en el imaginario colectivo, es impreciso a la hora de establecer los límites laterales. La mayoría asociamos la anchura de un río en la corriente de agua. Pero nos quedamos cortos. Los técnicos hablan de espacio fluvial, entendido como todo aquel ámbito donde las características físicas y biológicas dominantes dependen o son resultado de la presencia y la acción del río. Este ámbito incluye, además del cauce, las orillas, riberas y las llanuras de inundación. Dentro del espacio fluvial es el río que manda y, a la larga, quien tiene las de ganar. Y a nosotros nos toca adaptarnos. Esto no quiere decir que no podamos hacer nada. Simplemente tenemos que conocer el riesgo al que nos exponemos, y gestionarlo de forma adecuada.

Inundacions per quatre gotes

Inundacions per quatre gotes

Versió original de l´article del David Saez publicat el 19/11/2011 al diari ARA.

Una directiva europea aprovada l’any 2000, coneguda com a Directiva Marc de l’Aigua, porta des de fa anys de corcoll els organismes responsables de la gestió i planificació de l’aigua de bona part d’Europa. Aquesta norma situa en un mateix pla d’importància, per primera vegada, el valor ambiental de l’aigua i el seu valor com a recurs essencial per a les persones. La idea bàsica és que tal com van les coses, l’única garantia de futur per comptar amb aigua en quantitat i qualitat suficient per a les nostres necessitats és mitjançant la preservació del medi natural aquàtic en bon estat.

Sota el paraigües de la Directiva Marc, la UE ha aprovat en la darrera dècada diverses normes complementàries que desenvolupen aspectes concrets relacionats amb l’aigua, sempre en sintonia amb l’esperit de la norma mare. Una d’elles és la Directiva d’inundacions, que obliga a revisar les estratègies a seguir en relació al risc associat a aquests fenòmens. Es tracta d’evitar -o minimitzar- els danys que produeixen les inundacions i fer-ho, a més, de manera respectuosa amb el medi natural. A casa nostra, on les crescudes de rius i rieres són freqüents i sobtades i on la pressió humana sobre el territori és molt elevada, no sembla un repte senzill.

La gestió del risc

L’ocupació humana de les zones inundables ve de lluny. El domini de l’enginyeria ha permès millorar la protecció davant l’acció de l’aigua, però lluny de destinar-la a disminuir el risc, hem pres aquesta protecció com una llicència per intensificar l’ocupació desmesurada d’aquests espais. El resultat és que avui no cal un gran aiguat per patir danys per inundació. Fins al punt que les inundacions són el fenomen natural amb un impacte econòmic més gran a Catalunya.

Per fer-hi front es presenten, ras i curt, dues possibles estratègies, amb tot un gradient entremig.

La primera és tractar d’evitar les inundacions. Això passa per seguir estrenyent l’espai dels rius mitjançant la construcció generalitzada d’estructures de defensa per a la protecció dels usos i les activitats humanes. Convertim els rius en canals dimensionats per absorbir les màximes avingudes previstes i així evitem problemes. Ha estat el model de gestió preponderant fins ara. Però a banda de derivar en una major pressió humana sobre les zones inundables i per tant en un augment de la vulnerabilitat, comporta elevats costos ambientals, incompatibles amb el nou marc normatiu i amb la demanda social d’un entorn natural de qualitat.

La segona estratègia consisteix a deixar que les inundacions tinguin lloc, centrant l’esforç en evitar que causin danys. Això exigeix reduir l’activitat humana a l’espai fluvial i en tot cas adaptar-la al règim de crescudes del riu. Sona bé, però sovint és inviable. Posem per cas el Baix Llobregat. Podem eliminar els murs que encaixonen el riu i prescindir del cúmul d’infraestructures i activitats logístiques -port i aeroport inclosos- implantades en el que de forma natural seria zona inundable? És evident que no.

Cal trobar, doncs, un punt d’equilibri. La línia tècnica amb què es treballa des de l’Agència Catalana de l’Aigua proposa limitar les actuacions de protecció a zones on les crescudes suposen la inundació de grans àrees de territori o allà on l’existència d’usos estratègics o fortament consolidats les fan imprescindibles. Fora d’aquests casos, i com a norma general, ha de primar la prevenció, i això vol dir retornar gradualment al riu el seu espai.

Sembla una opció raonable. Queda per veure fins a quin punt la valentia política i els interessos econòmics permetran que aquesta proposta, tècnicament coherent i ben fonamentada, faci el difícil salt dels despatxos a la implantació real i efectiva en el territori.

Columna al marge

L’espai fluvial:fins allà on arriben els rius

Espai fluvial

El concepte de riu, ben definit en l’imaginari col·lectiu, esdevé imprecís a l’hora d’establir-ne els límits laterals. La majoria associem l’amplada d’un riu a la làmina d’aigua. Ens quedem curts. Els tècnics parlen d’espai fluvial, entès com tot aquell àmbit on les característiques físiques i biològiques dominants depenen o són resultat de la presència i l’acció del riu. Aquest àmbit inclou, a més de la llera, les ribes, les riberes i les planes d’inundació. Dins l’espai fluvial és el riu qui mana i, a la llarga, qui té les de guanyar. I a nosaltres ens toca adaptar-nos. Això no vol dir que no hi puguem fer res. Simplement hem de conèixer el risc al qual ens exposem, i gestionar-lo de forma adequada.