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Vacunas para todos los gustos (cáncer, alzhéimer, infartos, obesidad o drogas)

Ésta es la versión original del artículo “Una vacuna para cada enfermedad”, publicado el 7/11/11 en la sección de ciencias del diario Público

(Incluido también en el blog 20000caligrafias)

Vacunas para todos los gustos

 

 

Un giro a los conceptos

El sistema inmunitario ha tenido bastante protagonismo últimamente: un prototipo de vacuna contra el SIDA y una vacuna contra la malaria han superado con éxito diversas pruebas previas a su comercialización. Además, el premio Nobel de Medicina le fue concedido a tres inmunólogos: dos de ellos por su estudio de la inmunidad congénita; el tercero por el descubrimiento de las llamadas células dendríticas, claves en la defensa de nuestro organismo. Pero mientras todo esto sucedía, numerosas investigaciones seguían su camino en busca de aprovechar el conocimiento acumulado y lograr dar un giro que podríamos considerar en cierto modo radical. Lo que buscan es diseñar vacunas que nada o poco tienen que ver con las hasta ahora conocidas: vacunas que no se dirigen contra virus o bacterias, sino que lucharán contra el cáncer, el alzhéimer, el tabaco o los infartos.

Breve historia de las vacunas

Edward Jenner

Las vacunas modernas no empezaron con Pasteur, como se suele pensar, sino con Edward Jenner, un médico inglés que nació cien años antes. Jenner observó que las mujeres que ordeñaban a las vacas casi nunca padecía de viruela, y concluyó que el hecho se debía a que habían estado en contacto con la viruela vacuna (de ahí el nombre), una forma mucho más leve que les protegía de contagios futuros. Aunque no fue del todo aceptada en un principio, el propio Napoleón mandó vacunar de la viruela a todas sus tropas en el año 1805. En cualquier caso, la implantación definitiva vino más tarde con Pasteur, tras diseñar y probar públicamente su famosa vacuna contra el carbunco. Pero una vacuna no necesariamente debe dirigirse contra un agente infeccioso. Por eso la ciencia moderna también está desarrollando vacunas cuando busca aprovechar nuestras propias defensas para luchar contra todo un abanico de diferentes enfermedades. Enfermedades que, en general, distan mucho de ser infecciones.

Vacunas contra el cáncer

Hay virus que se asocian con el desarrollo de un cáncer. Para algunos de ellos, como el del papiloma humano o el de la hepatitis B, ya existen vacunas. Estas vacunas, que podríamos llamar tradicionales, son preventivas, porque se administran para evitar la infección. Pero hay muchos tumores que no tienen que ver con ningún virus y de los que nuestro sistema inmunitario nos puede defender – una prueba de ello es que los pacientes inmunosuprimidos, como tras un transplante de órgano, tienen una probabilidad mucho más alta de desarrollar un cáncer -. Para ello disponemos de diferentes defensas que reconocen como extrañas ciertas partes de los tumores y que reaccionan atacándolos. Pero el cáncer puede hacerse el sigiloso y usar mecanismos para pasar desapercibido, por eso conviene estimularlo, entrenarlo. Si se logra crear una vacuna que luche contra las células cancerígenas sería en general una vacuna terapéutica – y ésta es otra diferencia con las tradicionales, cuya finalidad es la prevención -. Es decir, se administraría una vez que la enfermedad hubiera empezado, ya que se diseñaría adaptándose a cada tumor. Y las ventajas serían muy diversas: entre ellas su especificidad y duración, su bajo coste y la posibilidad de combinarlo con los tratamientos actuales. Sin embargo no es un camino sencillo. Hasta el momento sólo hay aprobada una vacuna contra el cáncer de próstata extendido, y sus beneficios son todavía modestos. Pero su existencia demuestra que es plausible, y de hecho es probable que en los próximos años algunas más vean la luz. Así lo afirma Martín Villalba, director de un grupo de investigación en bioterapias en el Instituto de Genética Molecular de Montpellier, y que ya ha patentado una técnica de vacunación tumoral: “uno de los campos donde se han conseguido avances más importantes es en el del tratamiento de cánceres sanguíneos, donde células de donantes escogidos pueden generar una respuesta defensiva en el paciente. Esta nueva técnica implica la participación de las llamadas células asesinas naturales, o NK por su nombre en inglés, Natural Killer”. Existen ensayos clínicos en marcha con vacunas de hasta 15 tipos diferentes de cáncer. El doctor Villalba, que trabaja principalmente en la investigación de cánceres sanguíneos, afirma que “en este tipo de tumores se puede llegar a triplicar la esperanza de vida del paciente si se seleccionan convenientemente los donantes. Ya se están desarrollando varios ensayos clínicos, y diversos equipos estamos intentando avanzar con un tratamiento del que se pueda beneficiar la mayoría de los pacientes. No es ingenuo pensar que en dos años estas vacunas habrán alcanzado la clinica. Su desarrollo como tratamiento de primera línea dependerá de su precio y efectividad, que son los parámetros principales para su comercialización por las grandes empresas famacéuticas.”  Otro tipo de tumor, el cáncer de páncreas, también es de actualidad. Este tipo de cáncer, de muy difícil detección, ha sido el responsable de la muerte de Steve Jobs, el fundador de Apple. Pero también de la del premio Nobel Ralph Steinman, el descubridor de las células dendríticas. De hecho, el propio Steinman probó consigo mismo hasta 8 tratamientos experimentales, la mayoría fruto de sus investigaciones. Y no se sabe – ni se sabrá – si fue gracias a ello, pero sobrevivió 4 años y medio a un tumor cuya supervivencia media es de semanas o meses. Murió, de hecho, 3 días antes del anuncio del premio.

Ralph Steinman

Steve Jobs

Vacunas contra el alzhéimer

Comparativa entre cerebros de ratones vacunados y no vacunados

Aunque existen varios fármacos aprobados para tratar el alzhéimer, su eficacia es modesta, en el mejor de los casos. Por eso hay grandes esperanzas depositadas en el desarrollo de una vacuna que permita prevenirlo o tratarlo de forma más eficaz. En el alzhéimer tiene lugar una acumulación en el cerebro de la llamada proteína b-amiloide, la cual, aunque existe cierta controversia, parece ser la responsable de la enfermedad. Por eso la mayor parte de las vacunas ensayadas buscan que el organismo reaccione frente a ella y la elimine. Pero el camino tampoco es sencillo. Cuando la vacuna más estudiada hasta la fecha se usó en ratones se vio que lograba producir una respuesta –se producían anticuerpos -, que el amiloide se reducía y que los animales mejoraban. Sin embargo, cuando se usó en humanos, el ensayo debió interrumpirse antes de tiempo, porque algunos de los voluntarios sufrieron problemas como encefalitis o pequeñas hemorragias cerebrales. Pero la investigación no cesa, se siguen probando nuevas alternativas y en este momento hay más de 15 ensayos clínicos en marcha en todo el mundo; así pues, en unos años sabremos mucho más lo cerca o lo lejos que nos encontramos. Así lo afirma el doctor Alberto Lleó, neurólogo y jefe clínico de la Unidad de Memoria del Hospital de Sant Pau, en Barcelona: “aunque los resultados de estos ensayos no se sabrán hasta dentro de un par de años, las nuevas vacunas han demostrado ser seguras sin los problemas de las iniciales. De hecho, este enfoque ha supuesto una nueva aproximación para tratar el alzhéimer y de confirmarse la eficacia es posible que se extienda su uso a otras enfermedades neurodegenerativas.”.

Vacunas de todo tipo: infartos, diabetes, obesidad… y drogas

La lista de nuevas vacunas en las que se está investigando es muy amplia. Hay esperanzas puestas en conseguir una que resulte eficaz para la arteriosclerosis, principal responsable de la obstrucción de las arterias, y por tanto de los infartos de corazón y de cerebro. En este caso suelen dirigirse contra el colesterol considerado como el colesterol malo, el LDL, y de momento parecen funcionar en animales. Otro tipo serían las que permitirían frenar la diabetes de tipo 1, la que suele darse en los niños. Incluso se están ensayando vacunas contra la obesidad, como la dirigida contra una hormona llamada grelina. La grelina actúa sobre el cerebro aumentando la sensación de hambre y promoviendo un ahorro de energía. Científicos de Oporto han conseguido que las defensas de los ratones secuestren esta hormona e impidan su llegada al sistema nervioso. De esta forma vieron que los animales no sólo comían menos, sino que gastaban más calorías. Sin embargo, todavía no se han realizado estudios en humanos.

Por otro lado, desde hace años se están probando vacunas contra las adicciones provocadas por un sinfín de drogas. Lo que se pretende es generar anticuerpos que se unan a ellas y, como en el caso de la grelina, eviten su llegada al cerebro. Así se conseguiría evitar los efectos buscados y minimizar su toxicidad. Se han realizado estudios contra la heroína, el cannabis o el alcohol, entre otras muchas. Las vacunas contra este último parecen más difíciles de conseguir, porque la molécula del alcohol es muy pequeña, y a pesar de unirse a un anticuerpo sigue siendo capaz de atravesar la barrera que separa la sangre y el cerebro. De hecho, las más avanzadas parecen ser contra la cocaína y la nicotina. Para esta última existen varios prototipos que se están ensayando actualmente. Los resultados son dispares, pero algunos de ellos muestran datos alentadores.

Así pues, parece evidente que el giro dado al concepto de vacuna es sustancial. De todas formas, y como tantas veces ocurre cuando se habla de investigaciones en curso, cuántas de estas vacunas veremos y cuándo estarán disponibles resulta aún una incógnita. Eso sí, el escaparate es amplio, y promete.

Jesús Méndez

 

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El cambio climático no liga con la política de la inmediatez

Versión original y extendida del análisis publicado en catalán en la sección ARA Planeta del diario ARA el 27/10/2011 y que se puede leer aquí.

Ya está bien entrado el otoño, pero incluso los frioleros de toda la vida conservamos el abrigo guardado en el armario. – Eso no es normal – oímos por la calle. – ¡Este tiempo es de locos! – Claman los más enfáticos. Parece que esta vez la percepción popular coincide con lo que nos dicen los expertos. A día de hoy hay pocas dudas sobre la evidencia de una tendencia al calentamiento global del planeta. ¿Y en Cataluña? En Cataluña también. Las pruebas no radican en el hecho de estar viviendo un otoño veraniego, que podría ser fruto de la irregularidad propia del clima, sino en realidades que requieren una tendencia sostenida a lo largo del tiempo. La regresión de los glaciares del Pirineo o el incremento del límite altitudinal del bosque en el Montseny son algunos ejemplos.

Los científicos prevén para las próximas décadas en Cataluña un aumento de la temperatura, un descenso moderado de la precipitación media y, sobre todo, un aumento de los fenómenos extremos. Sequías, inundaciones e incendios forestales, todos ellos viejos conocidos de los que vivimos en el Mediterráneo, se harán más frecuentes e intensos. Los efectos de estos cambios pueden ser amplios y variados, pero a buen seguro incidirán sobre el conjunto de actividades que conforman nuestra realidad socioeconómica. Un ejemplo: ir a pescar truchas en nuestros ríos podría llegar a ser una odisea en el futuro. Y no porque estén demasiado sucios, como temíamos hasta ahora, sino porque estos peces se las verán canutas para encontrar aguas lo bastante frías para vivir. Puede parecer una anécdota banal, pero ojo, tiene fondo. Si no hacemos caso de las señales podemos derrochar muchos de los servicios ambientales que damos por descontados y de los que sacamos provecho.

Y ante estos retos, ¿qué podemos hacer? Pues mucho. Y de hecho ya estamos haciendo cosas. En Cataluña contamos con un buen número de personas que, desde sus campos de conocimiento, trabajan para generar información fiable y necesaria para el diseño de medidas de mitigación y adaptación a los efectos del cambio climático. Y en general hay que decir que estas medidas están siendo recogidas desde hace años en la planificación sectorial (energía, agua, movilidad, etc.) y en la acción de los gobiernos locales. Pero claro, también hay problemas: el primero, que las medidas programadas pueden resultar insuficientes; el segundo, más grave, que los objetivos que se fijan en la planificación se incumplen reiteradamente. O bien no sabemos hacer planes asumibles o bien no tenemos suficiente voluntad como para aplicar lo que aprobamos. La política de la inmediatez hace inalcanzables los objetivos a medio y largo plazo, y esto en la lucha contra el cambio climático es funesto.

David Sáez Aragay

El canvi climàtic no lliga amb la política de la immediatesa

Versió original y estesa de l´anàlisi publicat a la secció ARA Planeta del diari ARA (27/10/2011) i que es pot llegir aquí.

És ben entrada la tardor, però fins i tot els fredolics de mena mantenim l’abric desat a l’armari. –Això no és normal- sentim pel carrer. –Aquest temps és de bojos!- clamen els més emfàtics.  Sembla que aquesta vegada la percepció popular coincideix amb el que ens diuen els experts. A dia d’avui hi ha pocs dubtes sobre l’evidència d’una tendència a l’escalfament global del planeta. I a Catalunya? A Catalunya també.  Les proves no rauen en el fet d’estar vivint una tardor estiuenca, que podria ser fruit de la irregularitat pròpia del clima, sinó en realitats que requereixen una tendència sostinguda al llarg del temps. La regressió de les glaceres del Pirineu o l’increment del límit altitudinal del bosc al Montseny en són exemples.

Els científics preveuen per a les properes dècades a Catalunya un augment de la temperatura, un descens moderat de la precipitació mitjana i, sobretot, un augment dels fenòmens extrems. Sequeres, inundacions i incendis forestals, tots ells vells coneguts dels qui
vivim en un país mediterrani, es faran més freqüents i intensos.  Els efectes d’aquests canvis poden ser amplis i variats, però de ben segur incidiran sobre el conjunt d’activitats que conformen la nostra realitat socioeconòmica. Un exemple: anar a pescar truites podria esdevenir en el futur una odissea als nostres rius. I no perquè estiguin massa bruts, com temíem fins ara, sinó perquè aquests peixos se les veuran magres per trobar aigües prou fredes per viure-hi. Pot semblar una anècdota banal però compte, té fons. Si badem i no fem cas dels senyals, podem malbaratar molts dels serveis ambientals que donem per descomptats i dels quals treiem profit.

I davant d’aquests reptes, què hi podem fer? Doncs molt. I de fet ja hi estem fent coses. A Catalunya comptem amb un bon nombre de persones que, des dels seus camps de coneixement, treballen per generar informació fiable i necessària per al disseny de mesures de mitigació i adaptació als efectes del canvi climàtic. I en general cal dir que aquestes mesures estan sent recollides des de fa anys en la planificació sectorial (energia, aigua, mobilitat, etc.) i en l’acció dels governs locals. Però és clar, també hi ha problemes: el primer, que les mesures programades poden resultar insuficients; el segon, més greu, que els objectius que es fixen en la planificació s’incompleixen reiteradament.  O bé no sabem fer plans assumibles o bé no tenim prou voluntat per aplicar allò que aprovem. La política de la immediatesa fa inabastables els objectius a mig i llarg termini, i això en la lluita contra el canvi climàtic és funest.

David Sáez Aragay

La creatividad, o cómo soñar un anillo para el carbono

Publicado también en el blog 20000caligrafias

La creatividad, o cómo soñar un anillo para el carbono

 

No es lo mismo, claro que no.

Supongamos que escribimos C2H6O dos veces, tal que así: C2H6O y C2H6O. Aunque ambas fórmulas nos parezcan iguales, en realidad pueden resultar de lo más diferentes. De hecho, una de ellas puede corresponder a lo que se conoce como dimetiléter, mientras que la otra puede referirse al alcohol etílico. A temperatura ambiente, el primero es un gas que puede servir como combustible o como refrigerante; el segundo es un líquido que ya todos conocemos. Lo que cambia, por tanto, no es la composición, sino la estructura. Y conocer esta diferencia se lo debemos, en parte – sólo en parte -, a los sueños de un químico alemán del siglo diecinueve y de apellido particularmente sonoro: August Kekulé. La historia, a continuación.

El alcohol y el dimetiléter tienen la misma composición, pero diferente estructura

En 1825, Michael Faraday había aislado un compuesto puro a partir de una mezcla aceitosa que condensaba del gas que se usaba para mantener el alumbrado. Tras muchos estudios se determinó que este compuesto, al que llamaron benceno, tenía la misma proporción de átomos de hidrógeno y carbono y que estaba formado por 6 átomos de cada uno de esos dos elementos. Es decir, que su fórmula sería C6H6. Y esto suponía a la vez una sorpresa y un desafío. La sorpresa venía de que, hasta ese momento, casi la totalidad de compuestos orgánicos estudiados tenían aproximadamente el doble de átomos de hidrógeno que de carbono. El desafío podría explicarse con las mismas palabras, añadiendo la pregunta: ¿por qué éste no?

Por aquel entonces apenas se conocía nada sobre la arquitectura o la estructura de las moléculas. Podía deducirse su composición, sus propiedades, pero no la forma íntima en que los átomos se relacionaban, los hilos que los unían. Nada diferenciaba, en esencia, el alcohol del dimetiléter. Kekulé fue uno de los que más contribuyó a cubrir el hueco, a distinguir la forma del fondo.

Friedrich August Kekulé nació en 1829, en Darmstadt, una región ahora perteneciente a Alemania. De ascendencia checa, al parecer destacaba especialmente en su niñez en los idiomas y en el dibujo. Esto último fue loque le hizo comenzar sus estudios universitarios en la carrera de arquitectura, lo que veremos que no es un dato baladí. Sin embargo, tras asistir a unas conferencias de Justus Von Liebig, decidió dedicarse a la química, cuya carrera completó. En 1864 ya era un conocido científico, había colaborado junto con otros en desarrollar la teoría de las valencias, o la capacidad que tienen los átomos para unirse entre ellos, y que constituye la base de la teoría estructural. Además, había determinado la valencia del carbono, fijándola en un valor de 4. Es decir, que cada átomo de carbono es capaz de establecer cuatro enlaces, incluyendo que puede unirse a otros átomos de carbono formando cadenas. Sin embargo, la fórmula del benceno seguía desconcertando a toda la comunidad científica. No sólo era que hubiera muchos menos hidrógenos de los que cabía esperar, es que el benceno no se comportaba como sugería ningún modelo de los que se manejaban por entonces. Desafiaba todas las reacciones de comprobación. Pero una noche de 1862 sucedió esto, contado por el propio Kekulé:

Durante mi estancia en Gante, vivía en uno de los barrios elegantes de la vía principal. Mi estudio, sin embargo, estaba en un callejón estrecho donde no entraba la luz del día… Me encontraba sentado escribiendo en mi libro de texto, pero las investigaciones no prosperaban, mis pensamientos estaban en otra parte. Volví la silla de frente al hogar y me dormí. Una vez más los átomos comenzaron a brincar ante mis ojos. Pero esta vez los grupos más pequeños se mantenían discretamente en el fondo. Mi ojo mental, entrenado por las repetidas visiones de este tipo, ahora podía distinguir estructuras más grandes; largas filas se entrelazaban y mezclaban en un movimiento como de serpientes. ¡Pero mira! ¿Qué fue eso? Una de las serpientes había mordido su propia cola, y la forma giró burlonamente ante mis ojos. Como iluminado por un relámpago, me desperté…” 

Y cuando se despertó no vio al dinosaurio, como diría Monterroso, lo que vio fue que esa serpiente mordiéndose la cola era también el benceno, con una cadena de carbonos que se curvaba hasta unirse en sí misma en una estructura circular, la primera descrita hasta entonces. Con una secuencia alterna de enlaces dobles y sencillos, que cuadraba las 4 valencias, que explicaba las propiedades fundamentales del benceno y que, en suma, aclaraba la oscuridad.

Estructura original del benceno propuesta por Kekulé

La creatividad

Aquí es donde se aprovecha para resaltar la importancia del inconsciente, de la inspiración en la creatividad, de las musas y las “ideas reveladas”. Y algo de eso hay, siempre pasado por el tamiz, claro está. Por ejemplo, se ha visto que el sueño contribuye, y de hecho es esencial, a reforzar la memoria y el aprendizaje, pero también es, en ocasiones, el impulsor final en la última fase de la creatividad (véase este artículo en PNAS). También se ha visto quemientras “soñamos despiertos”, la actividad global del cerebro es mayor que mientras fijamos la atención. La explicación es que no sólo tiene lugar una activación de la llamada “red neural por defecto”, sino también de la red ejecutiva, lo que permite poner en contacto áreas cerebrales que comúnmente actúan de forma más independiente, estimulando así la creatividad. En particular, saltos cualitativos como la tabla periódica de Mendeleiev, la demostración de la transmisión nerviosa de Loewy o la misma canción Yesterday, de los Beatles, parecen hacer sido consecuencia directa de un buen sueño REM. Pero, claro está, es sólo la última fase. Es preciso todo el bagaje, toda la batalla anterior. A cuántos no se les habrá caído una manzana antes que a Newton. Al fin y al cabo, como dijo Edison, “el genio es un 99% de transpiración y un 1% de inspiración”. Y el propio Kekulé, que además no debemos olvidar que tendía a la arquitectura, nos lo dice: su ojo mental estaba entrenado, los átomos le brincaban ante sí. ¿A cuántos les brincan átomos con los ojos cerrados?

De hecho, aunque se trata de un pasaje menos conocido, la tetravalencia del carbono también le vino al parecer a Kekulé “a través” de un sueño:

Una tarde de verano estaba regresando en el último bus a través de las calles desiertas de la ciudad. Iba sentado en el exterior como era mi costumbre…. cuando caí en una especie de ensueño, y he aquí que los átomos comenzaron a brincar ante mis ojos. Hasta ese momento, cada vez que estos seres diminutos habían aparecido ante mí, lo habían hecho en movimiento. Ahora, sin embargo, veía cómo, con frecuencia, dos átomos más pequeños se unían para formar una pareja, cómo uno más grande los abrazaba, cómo otros aún más grandes agarraban tres o incluso cuatro de los más pequeños, mientras que el conjunto se mantenía girando en un baile vertiginoso. Vi cómo los átomos más grandes formaban una cadena, arrastrando a los más pequeños, pero sólo en los extremos de las cadenas …. El grito del conductor: “Clapham Road”, me despertó de mi sueño, pero pasé parte de esa noche volcando en papel bocetos de ese sueño. Éste fue el origen de la Teoría Estructural” 

Ajá, otra vez los átomos brincando.

La época de Kekulé coincidió además con el inicio de la imprenta móvil, con lo que la comunicación de información aumentó considerablemente. Seguramente fueron los inicios de una ciencia colaborativa, en la que las ideas comenzaban a viajar y a testarse a tiempo más o menos real. Tras su teoría sobre el benceno aparecieron diversas propuestas, pero todas ellas fueron cayendo ante las pruebas experimentales.

Otras propuestas en la época de Kekulé para la estructura del benceno

Sin embargo, su tesis tampoco era perfecta. El mérito no deja de ser mayúsculo: hay que tener en cuenta que todavía no se conocían ni los rayos X de Röntgen, que no había manera de “visualizar” las estructuras, pero en cualquier caso contenía una imperfección. Cuando se hacía reaccionar el benceno con bromo, la teoría de Kekulé predecía que debían formarse dos moléculas diferentes, pero sólo pudo hallarse una. Kekulé entonces sugirió que estos dos derivados se hallaban en equilibrio, y que eso impedía ver las dos formas por separado. Pero no era cierto: hubo que esperar al desarrollo de la mecánica cuántica y de la teoría de orbitales y de resonancia para comprobar que en realidad los enlaces dobles y sencillos alternos no son tales, sino que son todos iguales e intermedios, como si equivalieran a un enlace y medio. Pero esto no niega la “visión”, no la trastoca, sino que la desarrolla. El sueño, correctamente interpretado, seguía plenamente vigente.

Representación actual de la estructura del benceno (figura inferior)

Sello conmemorativo de Kekulé y "su" estructura del benceno

Y cuatro breves detalles para terminar, si se permiten:

1)       Kekulé no explicó de dónde obtuvo la idea de la estructura circular para el benceno hasta 25 años después su publicación. Fue en una conferencia de la Sociedad Química Alemana, en 1890. Años después de esa charla, el escritor Arthur Koestler diría que fue “probablemente el más importante sueño de la historia desde que José soñó con siete vacas gordas y siete vacas flacas”. Se da por hecho que se trata de “la más brillante predicción que se ha hecho en la historia de la química orgánica” y se estima que tres cuartas partes de ésta vienen de dicha predicción.

2)       De los cinco primeros premios Nobel de Química, 3 habían sido alumnos de Kekulé.

3)       El sueño de las serpientes tuvo lugar en 1862, pero sus ideas no se publicaron hasta 1865. Todo lo que ocurrió durante esos 3 años apenas se recoge en la literatura. Pero quizás responde la frase final de su conferencia en la Sociedad Química Alemana: “Si aprendiéramos a soñar, señores, entonces quizá encontraríamos la verdad… Pero debemos tener cuidado de no publicar nuestros sueños antes de someterlos a prueba con la mente despierta.”

4)       Por último, se dice que, antes del sueño de Kekulé, la estructura circular del benceno ya había sido propuesta por Josef Loschmidt, un químico austriaco que también había participado en la teoría de las valencias. Pero no publicó su idea salvo en un tratado de muy escasa repercusión. Hoy todo el mundo cita a Kekulé como el responsable de la estructura, seguramente porque él sí la dio a conocer. Pero quizá un poco también por la atracción que nos genera su sueño, por las connotaciones que conlleva. Al fin y al cabo por algo este artículo eligió este tema: la forma y el fondo, el alcohol y el éter, ya saben. 

Referencias principales además de los enlaces incluidos

1) Evolución histórica de la estructura molecular del benceno. Lorena Tobares.

2) Sueño con serpientes, artículo de Raúl O. Barrachina en el blog cienci-arte.blogspot.com

3) Estructura del benceno, en textoscientificos.com

Esta entrada participa en el VIII Carnaval de Química, que tiene lugar en el blog Caja de Ciencia

Jesús Méndez

Descubren ARN de plantas en humanos, o no estamos solos y “somos lo que comemos”.

 (NOS HEMOS MUDADO A www.dixitciencia.com)

Publicado también en el blog 20000caligrafias

Hay dos cosas de las que cada día podemos estar más convencidos: que no estamos solos y que somos lo que comemos.

Ahí vamos.

Plantas de arroz

Que somos lo que comemos resulta cada vez más evidente. No sólo está que la dieta influya en nuestro desarrollo o en la salud del corazón, por ejemplo, es que también se relaciona con el estado de ánimo o incluso con las probabilidad de padecer diferentes tipos de cáncer. Es más, parece confirmarse que lo que comemos puede afectar incluso a nuestros hijos futuros, y que nietos de abuelos obesos tienen más probabilidades de ser diabéticos, llegado el momento. Ahora, un nuevo estudio ha dado un paso más: científicos chinos han visto que en nuestro interior también tenemos ARN vegetal, concretamente un tipo de ARN conocido como microARN. Es decir, que cuando comemos verduras, o cereales, por ejemplo, algo tan intrínseco de ellos pasa a formar parte de nosotros, y además sigue actuando en nuestro interior. O lo que es lo mismo, y como ellos afirman: que se produce una auténtica comunicación “inter-reinos”. Nada menos. Pero, ¿qué es exactamente el microARN?

Empezando por un lado del tejado, el microARN (o, en general, el ARN de interferencia) es la molécula por la cual Andrew Z. Fire y Craig C. Mello ganaron el premio Nobel de Medicina en el año 2006. Si empezamos por los cimientos, deberíamos recuperar la vieja metáfora del libro y el ADN.

Los microARNS “silencian” al ADN

El ADN es, en esencia, un conjunto de letras que deben ser traducidas para ser entendidas, y entenderlas significa, en este caso, fabricar proteínas. El traductor es, en general, una molécula muy parecida pero a la vez diferente del ADN, el ARN. Hay diferentes tipos de ARN, de los que se conoce bastante bien su función. Pero hasta principios de este siglo se desconocía qué pintaban exactamente los microARNs. De hecho eran tan pequeños que, en general, se pensaba que no servían básicamente para nada. Ahora se sabe bastante más. Los microARNs son parte de los llamados ARNs de interferencia, y lo que hacen es oponerse al ARN tradicional. Viajan por el interior de la célula y cuando encuentran algún ARN que sea parecido a ellos surge una especie de atracción que hace que se unan a él e impiden que ejerza de traductor. Es decir, evitan que participe en la construcción de la proteína de la que estaba encargado. Y su importancia no deja de ir en aumento: se sabe que participan en la diferenciación de los tejidos (contribuyen a que el estómago sea el estómago y el pulmón un pulmón, por ejemplo), que si se alteran pueden influir en el desarrollo de cáncer y de enfermedades cardiovasculares, y ya se está investigando su papel en el diagnóstico (y también en el tratamiento) de todo un abanico de patologías.

Pero vamos a las plantas. Vamos al estudio chino.

El responsable de la investigación había comprobado hace unos años que en la leche, donde no hay células, había sin embargo pequeños ARNs. Esto quería decir que, de alguna manera, habían llegado hasta allí y que además se mantenían estables – cosa difícil cuando de ARN se trata: una molécula de lo más delicada que es el quebradero de cabeza de muchos laboratorios en todo el mundo -. Entonces se planteó lo que él define como la ´loca idea´ de buscar ARN de vegetales en humanos. Mediante una técnica que permite diferenciar nuestros microARNs (y los del resto de animales) de los de las plantas, seleccionó a un grupo de voluntarios y comprobó que en su sangre había más de 30 tipos de microARNs conocidos que provenían de las plantas. Eso ya lo tenía claro. Pero el estudio continuó: de entre todos éstos, escogíó el microARN mayoritario para proseguir la investigación, el llamado MIR168a, que, curiosamente, es especialmente abundante en el arroz, pero ya sabemos lo que se suele comer en China. Las conclusiones a las que llegaron, tras un arduo estudio que ha sido publicado en Cell Research y que incluye más de 20 páginas llenas de figuras y resultados son:

–         Que MIR168a está presente en la sangre de los chinos, y no en cantidades despreciables. Y que cuando se daba una dieta rica en arroz a ratones, en su hígado se encontraba en concentraciones similares a las de los microARNs más importantes. Que, por lo tanto, no se trata de una aguja en un pajar, sino que puede que sea parte del pajar. Que, en cierto modo, puede que estemos comiendo información.

–          Que los microARNs de las plantas resisten, no sólo el calor del cocinado, como ya se sabía, sino todos los procesos de digestión. Y esto no es sencillo. Hay que tener en cuenta que nadie pilla un cáncer por comer carne con cáncer.

–         Que se transportan por microvesículas, una especie de pequeñas bolsas que los protegen, que hacen que puedan llegar también a los órganos (esto se ha visto con animales) y que incluso incrementan su función al concentrarlos.

–       Que realmente parecen tener un papel. Que, en cierto modo, y exagerando el posible titular, “las plantas nos controlan”. En concreto, el MIR168 del arroz impide que se forme una proteína encargada de retirar de la sangre el llamado “colesterol malo”, el colesterol LDL. Esto se ha visto en ratones y en cultivos celulares, todavía no se ha demostrado en humanos, y además no quiere decir que comer arroz sea perjudicial: a la vez que ejerce este papel está desempeñando un montón de ellos más, pero lo que queda claro es lo siguiente:

–         Que, de confirmarse – han surgido voces reticentes, como la de Petr Svodoba, investigador en genética molecular en la República Checa, que aunque valora muy positivamente el descubrimiento opina que aún está lejos de demostrarse una influencia real en humanos -, este estudio abriría la puerta a nuevos y numerosos planteamientos. Uno sería, como dice el responsable del estudio, el poder empezar a considerar a estos microARNs como si fueran nuevos nutrientes, como si de vitaminas o minerales se tratasen. Otro sería el hecho de que podrían llegar a valorarse como posibles marcadores de salud o enfermedad. Pero también está que se conoce cómo crear antiARNs. Es decir, que si sabemos de alguno perjudicial en particular, podría tratarse con su contrario y evitar su acumulación.

–          Y no, no nos hemos olvidado. Otra cosa que queda clara es que no estamos solos.

Y no, no se trata de que vivamos en comunidad y demás hechos del todo obvios. Se trata de que en lo más íntimo de cada uno de nosotros no estamos solos, si es que hay un yo íntimo. Me explico:

Está el hecho de que por cada célula propiamente humana en nuestro cuerpo hay hasta 9 que son bacterias. Que éstas pueden pesar hasta 2 kilos – lo que se conoce como el microbioma -, y que parecen tener que ver, no ya sólo con la digestión sino también con la obesidad, la ansiedad o hasta el autismo. Que yendo un poco más al detalle, en cada una de nuestras células tenemos mitocondrias, unos pequeños orgánulos que son auténticos pulmones celulares y que en el fondo no son más que una bacteria que una de nuestras células incorporó en algún momento hace ya tanto tiempo. Y aún más, gran parte de nuestro ADN son en realidad partes de virus que se han incorporado a él. Y que siguen allí. Y ahora resulta que algo que lo controla, como son los microARNs, viene en parte de las plantas que comemos y que también campan por nuestro interior.

Todo eso.

Que no es poco, ¿no?

Jesús Méndez

Electricidad contra la ´tristeza´

Ésta es la versión original del artículo “Electricidad contra la ´tristeza´”, publicado en la sección de ciencias del diario Público el 19/09/2011 y que ha sido colgado también en el blog 20000caligrafias.

ELECTRICIDAD CONTRA LA “TRISTEZA” 

Una de cada cinco personas sufrirá una depresión a lo largo de su vida. De éstas, una de cada cinco terminará no respondiendo a ningún tipo de tratamiento. Es lo que se conoce como  depresión mayor resistente.

Julia (nombre ficticio) tenía 54 años y llevaba más de una década luchando contra la depresión, en el mayor grado en que ésta pueda considerarse. Como relata la doctora Puigdemont, psiquiatra del hospital de Sant Pau, su estado apenas había mejorado en los últimos tiempos. Vivía con su padre, y ambos necesitaban un cuidador, – uno para cada uno -. Había probado con todos los tipos de antidepresivos disponibles, con psicoterapia e incluso con terapia electroconvulsiva (electroshock), pero los resultados no llegaban. Hasta que decidió someterse a un tipo de tratamiento experimental que en España está llevando a cabo el mencionado hospital de Sant Pau, en Barcelona. El tratamiento recibe el nombre de estimulación cerebral profunda (ECP), y consiste en la colocación de unos pequeños electrodos en zonas determinadas del cerebro, específicas para cada tipo de enfermedad que pretenda tratarse. Hoy, Julia no sólo no necesita un cuidador, sino que, en palabras de la propia doctora Dolors Puigdemont, coordinadora del proyecto, “ahora incluso es ella la que cuida de su padre”.

Que en lo más profundo somos electricidad es algo que se conoce desde hace mucho tiempo. Franklin, de hecho, observó ya que la electricidad estática podía provocar contracciones musculares, y desde los años 40 se generalizó el uso de la terapia electroconvulsiva para el tratamiento de múltiples enfermedades mentales (aún hoy se utiliza para el tratamiento de depresiones resistentes a fármacos, con éxito). La ECP es, por así decirlo, su forma fina y evolucionada, ya que permite liberar la descarga eléctrica en las zonas deseadas con una gran precisión. Pero, ¿en qué consiste exactamente? ¿Para qué se usa? ¿Por qué en Sant Pau?

Técnica de estereotaxia
Disposición electrodos – batería

La ECP consiste en la colocación de un par de electrodos en la zona del cerebro que se quiere estimular. Para ello, y por la precisión que requiere, se usa una técnica conocida como estereotaxia: primero, al paciente se le practican una serie de pruebas de imagen cerebral, para conocer su estructura particular. Después, se fijan las coordenadas deseadas en un “casco” especial, que mantiene la cabeza inmóvil. A continuación se introducen los electrodos tras abrir un pequeño orificio en el cráneo. Durante todo este tiempo la persona está despierta (el cerebro no “duele”), y puede indicar si nota alguna sensación extraña. Una vez en la región deseada se duerme al paciente y se implantan los electrodos, que estarán conectados a una batería colocada bajo la piel del costado. La mayor parte de las personas a las que se le ha practicado son enfermos de Parkinson, por varias razones: una es que se conocen con bastante exactitud los circuitos cerebrales que están alterados. Otra es que medir la respuesta al tratamiento es bastante sencillo: basta con observar la mejora de sus movimientos. Hoy en día la ECP como tratamiento para el Parkinson está aprobada, y más de 70.000 enfermos han sido ya tratados. Pero, ¿cómo se llegó a la depresión?

Electricidad y depresión

Hospital de Sant Pau, en Barcelona

Mientras trataban con ECP a los pacientes con Parkinson, los médicos se dieron cuenta de que algunos de ellos sufrían alteraciones inesperadas en el humor. Algo estaban provocando los electrodos que no tenía que ver con los temblores y que quizás podría emplearse para aliviar la “tristeza” extrema. En el año 2005, el grupo de la psiquiatra Helen Mayberg, en Toronto, publicó los primeros resultados de su uso contra la depresión resistente. Escogieron a 6 pacientes e implantaron electrodos en la llamada área 25, una zona de comunicación entre la corteza prefrontal y el sistema límbico que se sabía que estaba alterada en pacientes depresivos. Los resultados fueron que 4 de ellos mejoraron sustancialmente. Cuando leyeron el artículo en el departamento de Psiquiatría del hospital de Sant Pau, el doctor Víctor Pérez y su grupo decidieron pedir financiación para poder realizar esta técnica. La consiguieron, y sus primeros resultados han sido aceptados para publicarse en la revista International Journal of Neuropsychoparmacology. Según la doctora Puigdemont, “de los 8 pacientes tratados, 5 alcanzaron la remisión completa al año de seguimiento, pero en realidad todos mejoraron, al menos parcialmente”. De hecho, la propia doctora comenta: “imagina lo que es estar tratando durante años a un paciente sin apenas observar ninguna mejoría. Y verle tras la operación ilusionado y pensando en nuevos proyectos”. Por su parte, el psiquiatra Eduard Vieta, director del Programa de Trastorno Bipolar en el Hospital Clínic de Barcelona y persona ajena al proyecto, valora positivamente los estudios realizados hasta la fecha. Sin embargo, destaca que la ECP para la depresión “todavía está en fase experimental, y en cualquier caso debe tenerse en cuenta que la mayor parte de los pacientes responden bien a los tratamientos tradicionales, como son los fármacos antidepresivos y la psicoterapia, aunque muchas veces ambos deban combinarse”.

RMN en respondedores al tratamiento

Otras enfemedades

De momento, la ECP está aprobada para el tratamiento del Parkinson y en vías de confirmarse su uso para el trastorno obsesivo-compulsivo. Para la depresión es aún una terapia experimental, ya que el número total de pacientes estudiados en todo el mundo es de poco más de 50, – aunque la cifra no es muy inferior a la de pacientes obsesivos – y los datos de su eficacia a largo plazo son aún escasos. Al mismo tiempo se está estudiando también la posibilidad de emplearse en otros trastornos como la esquizofrenia, el dolor crónico, las adicciones o incluso la obesidad. De hecho, mientras se implantaban los electrodos a un paciente con obesidad mórbida, éste recuperó de repente recuerdos que había perdido mucho tiempo atrás, lo que hace que se abran posibilidades de aplicación para el tratamiento del Alzheimer. Pero esa es otra historia, con seguridad mucho más lejana y complicada. La de hoy es la depresión, la depresión resistente, y para ella hay esperanzas fundadas. La ECP es una operación, y no está exenta de riesgos, como posibles hemorragias o infecciones, pero como dice la doctora Puigdemont, que ha seguido la evolución de todos los voluntarios, “si preguntaras a los 8 pacientes si volverían a operarse, los 8 te dirían sin dudarlo que sí”.

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Vídeos

A continuación se incluyen dos links para ver sendos vídeos sobre el proyecto y sobre “Julia”. El primero fue emitido por la televisión catalana TV3 con motivo de la Maratón Solidaria en 2008, y se puede ver aquíEl segundo apareció en la cadena de noticias 3/24, y recoge imágenes actuales de “Julia” tras la operación. Puedes verlo pinchando en el siguiente enlace.

Jesús Méndez

HeLa: la historia de unas células inmortales

 (NOS HEMOS MUDADO A www.dixitciencia.com)

La vida inmortal de las células HeLa

“Eran los mejores tiempos; eran los peores tiempos”.

Charles Dickens. Historia de dos ciudades.

Henrietta Lacks

Ésta es la historia de unas células inmortales. O de lo que muchas veces es lo mismo: de una línea celular. Y si muchas historias contienen en realidad varias, ésta contiene al menos tres líneas que se suceden y que se entrelazan: las células, las personas, el debate.

1.- Las células.

Que podían mantenerse células vivas fuera del cuerpo era algo que se sabía ya desde el siglo XIX, cuando el inglés Ringer fue capaz de mantener latiendo corazones de animales en una solución salina que acabaría llevando su nombre. Desde entonces se sucedieron numerosos intentos para conseguir desarrollar y mantener una línea celular, especialmente en humanos. Una línea celular es básicamente una población de células que provienen de un pequeño cultivo original. Cuando se logra que puedan dividirse indefinidamente se dice que esa línea está establecida. Las ventajas que esto suponía en caso de conseguirse eran muchísimas: permitiría someter a las células a los más variados experimentos sin que ninguna persona se viese expuesta. Así, no sólo se conocería mucho más sobre los mecanismos celulares, sino que podrían ensayarse multitud de terapias para distintas enfermedades sin el más mínimo riesgo. Pero la labor era muy complicada. A saber:

–          Apenas se sabía nada sobre el medio que debía usarse para cultivar las células. Los ensayos eran puramente empíricos, añadiendo o quitando componentes y valorando sus resultados. Pero sobre todo estaba lo que se conocía y conoce con el nombre de:

Cromosomas y telómeros (en rojo)

–          Límite de Hayflick: Leonard Hayflick fue el científico que mostró que las células normales sólo pueden dividirse un número determinado de veces, y que este número ronda las 50 divisiones. En un principio esta hipótesis fue rechazada, y los investigadores seguían pensando que el problema de sus cultivos estaba en el medio que usaban. Pero en realidad lo que pasaba muchas veces era que esas células, simplemente, estaban programadas para no vivir más. La explicación de este límite no llegó hasta los años 90, cuando se estudíó el enzima telomerasa. En breve: en cada división celular los cromosomas pierden un poco de ADN por los extremos, porque al final no tienen el molde suficiente para duplicarse. Para protegerse de esta pérdida, cada cromosoma tiene en su parte final una especie de “capuchón protector”. Éste no es más que una secuencia de ADN que no tiene información,  que se va perdiendo con cada división y que evita que se pierdan las zonas que sí son verdaderamente informativas. Estos capuchones reciben el nombre de telómeros (ajá), y cuando se pierden definitivamente, la célula se programa para morir mediante un mecanismo llamado apoptosis (o suicidio celular) que es de gran importancia, ya que protege a la célula de la acumulación de errores que se producen cuando se dividen demasiadas veces.

Pero entonces alguien podría preguntarse: ¿y las células cancerígenas, no se dividen sin cesar?. Pues sí, y en parte lo hacen gracias al enzima telomerasa. La función de ésta es recomponer la parte perdida de ADN en cada división, de forma que siempre se vuelve al estado original. Por eso ahora la telomerasa sirve como marcador tumoral en algunos tipos de cáncer. Por eso la primera línea celular provino de un tumor. Por eso la periodista científica Rebeca Skloot ha escrito un libro sobre ello, titulado “La vida inmortal de Henrietta Lacks” y por eso ahora esta historia se entrelaza con sus gentes.

2.- Las personas

George Gey, responsable del primer cultivo de Hela

En 1951 Henrietta Lacks era una mujer negra de 31 años que vivía en Baltimore (USA) y que apenas había sufrido problemas de salud. Hasta que ese mismo año comenzó a notar lo que ella calificó como “un nudo en la barriga”. Ese nudo la llevó al famoso hospital Johns Hopkins, también en Baltimore, donde sería diagnosticada de carcinoma de cuello de útero. A pesar de recibir el tratamiento usual en aquella época, basado fundamentalmente en radioterapia, el tumor original no dejó de crecer, y acabo por metastatizar casi todo su cuerpo hasta acabar con su vida. En aquel entonces, en el Johns Hopkins trabajaba George Gey, un científico que de aquellas estaba obsesionado, como tantos otros, con el cultivo de células humanas. Gey acostumbraba a recabar muestras de los pacientes del hospital, y Henrietta no fue ni mucho menos una excepción. Lo excepcional fueron los resultados que sus células mostraron. Tan sólo unos días después de poner una pequeña muestra de las células tumorales de Henrietta en un tubo de cultivo, los ayudantes de laboratorio de Gey se asombraron al comprobar que las células no sólo no habían muerto, sino que habían ocupado todo el tubo y no dejaban de proliferar por más que se dividieran y dividieran. Aún no sabían por qué pero lo habían conseguido: habían establecido la primera línea celular, la línea HeLa, de Henrietta Lacks.

La vida inmortal de Henrietta Lacks, traducida al castellano

Esto es lo que cuenta Rebecca Skloot en su libro, un ambicioso ejemplo de periodismo de no ficción donde se mezclan las biografías con la historia que los hechos provocaron y con las investigaciones científicas que los motivaron. Una obra que fue durante semanas el libro más vendido en los Estados Unidos, que será llevada al cine (producida por Oprah Winfrey), de la que se ha realizado undocumental (que se puede ver completo aquí) y que desde hace poco se puede leer traducida al castellano. Y, sin embargo, el resultado es irregular: la potencia de la historia y su documentación eleva el relato, pero éste decae a la hora de acercarnos los paisajes, las gentes, los ambientes. Combina lo grande y lo pequeño y, paradójicamente se pierde en esto último porque está perfilado con pulso de bestseller, con aroma de técnica de tripas afuera. Uno se pregunta qué hubieran hecho con esta historia grandes de la no-ficción, grandes comoTalese o Capote, si es que a Capote o Talese no les hubiera importado rodearse de telómeros y de células en división. Sin embargo el resultado final no la convierte en una obra prescindible. Y no lo hace en gran parte por mucho de lo que contiene, como que:

–          Las células HeLa tenían tal poder de proliferación y se distribuyeron por tantos laboratorios en todo el mundo que se calcula que el número de células que se han cultivado desde los años 50 ocuparía un volumen equivalente a 100 Empire States Buildings (aunque sobre estas estimaciones, ya se sabe).

Células HeLa dividiéndose

–          La historia mezcla intermitente y a veces conjuntamente el choque de creencias y valores entre los científicos y los descendientes de Henrietta Lacks, una familia de afroamericanos de clase baja. Donde los científicos veían mitosis y hebras de ADN, muchos de sus familiares veían el alma inmortal de su antepasada alojada en cada una de sus células, luchando y trabajando por el descubrimiento de vacunas, de medicamentos, del bien común.

–          En un principio, y durante mucho tiempo, no se sabía por qué las células del útero de Henrietta tenían tal poder de división. Incluso hoy no se conocen al detalle todos sus mecanismos particulares. Lo que sí se sabe es que provenían de un carcinoma de cuello de útero desarrollado tras una infección por el virus del papiloma humano de tipo 18, una infección sexual seguramente transmitida por su marido (y primo), que no era precisamente un ejemplo de fidelidad. El virus es capaz de alterar la expresión de una proteína llamada p53, clave a la hora de regular los procesos de muerte celular. Además, las células HeLa tienen una elevada expresión del enzima telomerasa, por lo que son prácticamente inmunes al paso del tiempo.

–          Pero, además, las células Hela eran unas invasoras y colonizadoras pertinaces. A medida que las técnicas de cultivo se fueron perfeccionando, y cuando se pensaba que ya se habían obtenido distintas líneas celulares de diferentes tipos tumorales, resultó que la mayoría de esas líneas eran en realidad células HeLa, que “flotaban” por los laboratorios y acababan destruyendo y ocupando el espacio de las originales. Aunque en un principio no le creyeron, eso es lo que dijo Stanley Gartler en un importante congreso de 1966. A la postre, la contaminación se demostró, por lo que muchas de las investigaciones no eran válidas –cuando se ensayaban fármacos contra el cáncer de colon, por ejemplo, en realidad se estaban usando células de cáncer de útero- y supuso la pérdida de millones de dólares en investigación.

La familia Lacks en la actualidad, parientes de Henrietta

–          Aun así, las células HeLa fueron y siguen siendo valiosísimas en investigación. Gracias a ellas Salk pudo desarrollar su vacuna contra la polio, se desarrollaron las técnicas de fertilización in vitro o se avanzó en el conocimiento del VIH. Fueron sometidas a pruebas de radiación para investigar los efectos de las bombas nucleares e incluso enviadas en misiones de la NASA para estudiar los efectos de la ingravidez. Aún hoy, cuando ya se han desarrollado nuevas técnicas de inmortalización celular, como la transfección de oncogenes o los hibridomas con células tumorales de ratón, las células HeLa siguen presentes en la mayoría de los laboratorios de todo el mundo.

–          A pesar de todos estos logros, los medios no siempre fueron los más deseables. Los investigadores llegaron a trabajar inoculando células HeLa en el brazo de voluntarios que, sin embargo, no habían sido informados. Incluso el Johns Hopkins, un hospital creado en parte para atender a las minorías, parecía ser uno de los centros que albergaba lo que se dieron en llamar médicos nocturnosque secuestraban personas negras para sus investigaciones y que traficaban con exhumaciones de cadáveres. Aunque sí parece haber pruebas de barbaridades cometidas en los siglos XIX y XX, incluido el conocido experimento Tuskegee, el libro no deja más que en sospecha la existencia de estos médicos de noche. Lo que sí deja claro es que Henrietta Lacks jamás supo que tomaron parte de sus células para cultivarlas. Que su marido autorizó la autopsia, pero no la toma de necropsias. Que la familia de Henrietta es una familia pobre, con graves problemas de salud (en parte, y supuestamente, por la gran consanguinidad), que sólo puede costearse un seguro intermitentemente, que tardaron más de 20 años en saber que las células HeLa eran de su madre, tía, esposa o abuela Henrietta Lacks (incluso llegó a filtrarse un nombre falso, como fue el de Helen Lane), y que nunca han recibido un dólar por su contribución. Y aquí comienza el debate.

3.- El debate

Ahora, cuando se toma una muestra para usarse en investigación, el paciente (o voluntario), debe firmar un consentimiento informado, donde se le expone para qué va a usarse y los riesgos que puede suponer. Sin embargo, esto puede no ser necesario si la muestra es parte de un proceso terapéutico, como una cirugía. Y, en el caso de que fruto de esas investigaciones tenga lugar algún beneficio comercial, el paciente no suele tener derecho a participar de él.

Hospital Johns Hopkins, en Baltimore

Cuando Rebecca Skloot nos habla de la indignación de la familia Lacks intenta cimentarla en que sus parientes quieren que se reconozca la figura de Henrietta, pero en muchos pasajes se repiten las quejas sobre un sistema que permite enriquecerse a algunos científicos y empresas, mientras que la fuente originaria permanece en el anonimato, luchando por costearse un seguro de salud del que muchas veces carecen. Muchas de las primeras quejas fueron dirigidas al Johns Hopkins y a George Gey, cuando, curiosamente, éste nunca vendió las células, sino que las repartía gratuitamente a distintos laboratorios (Gey, de hecho, acabó muriendo de cáncer de páncreas, pero antes se sometió a una operación en la que pidió que se extrajeran múltiples biopsias con el fin de intentar establecer una línea celular, aunque luego esos intentos fracasaron). Lo que es cierto es que, posteriormente, numerosos investigadores y no pocas empresas se beneficiaron de sucomercialización, pero los juicios que han tenido lugar a este respecto (también con otro tipo de investigaciones), de momento han refrendado la posición de los laboratorios, ante el miedo de que un exceso de autonomía por parte de los pacientes pueda frenar la investigación biomédica. Es cierto que, con los años, los mecanismos se fueron perfeccionando, desde el código de Nuremberg hasta la declaración de Helsinki, pero posiblemente también quepan más opiniones. Más aún cuando el propio tiempo obliga a repensar las leyes. Así, ¿hasta qué punto son justificables, por ejemplo, las patentes de genes? Y si resultara que no fueran justificables, ¿qué diferencia habría con las células de Henrietta?

Lo dicho. Las historias se entremezclan. Luego, a saber cómo separarlas.

Artículo publicado en el blog 20000caligrafias y en Tercer Milenio, suplemento de ciencia de El Heraldo de Aragón

PD: Al hilo del debate planteado en el último punto, el blog Antroposcopio publicó un gran post titulado: (P)atentar contra la vida.